Francisco Villa Navarro, como pez en el agua

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Durante más de 20 años, Francisco Antonio Villa Navarro se ha dedicado a “ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado” Albert Szent-Györgyi.

Villa Navarro es Biólogo Marino de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Magíster en Ecología Evolutiva de Organismos Acuáticos de la Universidad del Valle, Doctor en Biología en la Línea Sistemática de la Universidad Nacional de Colombia, y Posdoctor en Ecología Funcional de peces de la Universidad Autónoma de Madrid.

Se crió en medio de la humildad, pero también de la comodidad que le brindó su familia, pues, aunque sus padres no tuvieron estudios profesionales, afortunadamente para él, sí tenían la convicción de que sus hijos debían estudiar para tener un futuro mucho mejor que el de ellos. En consecuencia, a ello, Francisco estudió en colegios particulares, aunque, sus últimos tres cursos de bachillerato los realizó en el colegio San Luis Gonzaga, actualmente Colegio Champagnat.

Fue de esa generación en la que los jóvenes debían ser médicos, ingenieros, abogados, militares o curas, pero su vocación desde un principio fue la Biología Marina. Desde niño sintió un gran gusto por el mar, jugó con familiares y amigos a orillas del río Magdalena y Combeima, disfruto al máximo los paseos de olla, y entre juego y juego aprendió a pescar, pues para esa época no corría mayores riesgos, además, como el mismo manifiesta: pescar era como montar bicicleta, o sea, algo que se aprende poco a poco entre familiares y amigos del barrio, cosa que los niños de ahora no hacen y se les parece extraño.

Su interés por la Biología Marina fue impulsado por Luis Martínez, el primo de uno de sus amigos. Después de terminar sus estudios universitarios, trabajó dos años en Cartagena, y al ver que no tenía muchas opciones de trabajo, llegó a Ibagué a trabajar en la Corporación Autónoma Regional del Tolima-Cortolima.

En 1994 ingresó como profesor a la Universidad del Tolima a ser parte del departamento de Biología, y allí se ha desempeñado como docente de la Licenciatura en Biología y Química en las áreas de Zoología y Ecología, como también en los programas de posgrado tales como la Maestría en Ciencias Biológicas, la Maestría en Gestión Ambiental, el doctorado en Ciencias Biológicas y el doctorado en Planificación y Manejo Ambiental de Cuencas Hidrográficas. Asimismo, ha organizado su agenda de forma que diariamente cuenta con tiempo para ir a nadar o a montar bicicleta, ser tutor de tesis, redactar artículos, e incluso para preparar su almuerzo, pues no es muy partidario de comer por fuera de la casa. El profesor Villa se caracteriza por ser un hombre activo, al cual le agobia estar sentado en un escritorio por mucho tiempo, por ello, ama investigar, y de las tantas cosas que le quiere dejar a sus estudiantes es ese deseo por trabajar en campo y no frente a una pantalla.

Sus conversaciones son amenas, es un hombre inspirador para sus estudiantes y todo aquel que tenga la oportunidad de compartir con él, pues de forma burlesca y crítica, indicó como la economía pesquera pasó a ser manejada por la capital:“La gente de tierra fría no come bocachico porque se atora con la espina; las pesquerías a nivel industrial han colapsado en el Magdalena, pues Bogotá genera un mercado muy focal y finalmente termina decidiendo qué comer y a qué precio”.

Con algo de melancolía ha reflexionado sobre las inapropiadas administraciones que ha tenido la industria pesquera, el oportunismo del Estado: “Colombia tiene una fragilidad institucional muy grande, pues aunque crearon una autoridad de apicultura y pesca no hay dinero para investigaciones, no hay cómo hacer cumplir la ley por lo cantidad de intermediarios; los ecosistemas acuáticos de agua dulce están muy impactados; la seguridad alimentaria de muchos pueblos se está perdiendo en un país como el nuestro, por ello no se le puede pedir a la gente que vive en total abandono que haga cosas que están por encima de su capacidad, ni atreverse a juzgarlos, pues, hasta que uno no se enferme con ellos y no coma con ellos, no se da cuenta de la verdadera realidad del país”.  

A pesar de todo, como persona e investigador se siente orgulloso por las experiencias vividas, por los momentos en los que llega a comunidades indígenas y a poblaciones afrodescendientes donde es recibido con los brazos abiertos, por ser embajador de la UT, y por guiar a muchas comunidades en la elaboración de proyectos pesqueros sostenibles.

Dado que la Universidad del Tolima no cuenta con los suficientes recursos para financiar proyectos de investigación, el Doctor Francisco, quiere seguir trabajando en convenio con otras entidades, pues el es conciente que en esta institución, aunque escasean los recursos económicos, hay recurso humano capacitado para investigar, como también sabe que el 40% del país por causas de la violencia y por la falta de investigadores en este campo, está sin explorar.

Mientras sea posible, seguirá como profesor, pues, le gusta compartir sus conocimientos, además, está seguro que la curiosidad de sus estudiantes es una de las cosas que lo motivan a seguir aprendiendo, a seguir cuestionando todo lo que se acontece en la tierra.

Redacción: Claudia Moreno

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