El Instituto de Educación a Distancia: un camino de mil posibilidades educativas

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Si le preguntamos a un integrante del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) de la Universidad del Tolima, ¿cuál ha sido respuesta a la crisis académica generada por el Covid-19?, de seguro la respuesta estará en el campo semántico del siguiente enunciado: “en tiempos de pandemia seguimos transitando el camino de las posibilidades.”

Recordemos que el IDEAD nació, en el año de 1982, como una alternativa de formación para la población adulta que, por sus condiciones socioeconómicas, de contexto y falta de oportunidades, había aplazado el sueño de formación superior. Heredero del bachillerato por radio, los cursos por correspondencia y los programas de extensión de las universidades públicas, el modelo de educación a distancia se pensó bajo la premisa de acortar las distancias. El IDEAD, hoy en pleno siglo XXI, sigue la ruta de su génesis, procurando llegar a donde se presentan las mayores necesidades de educación superior.

Miles de personas, en Colombia, no pueden migrar a los centros de formación, es decir, hacia las capitales, para realizar una carrera. Otros no cuentan con los recursos económicos para pagar las altas matrículas de las universidades privadas. Algunos no alcanzan los puntajes necesarios para competir por un exiguo cupo en las universidades de élite, en esencia porque la educación básica que recibieron no les permite obtener un mayor puntaje en esos exámenes de Estado, elaborados más para la exclusión que para la verificación de conocimientos.

Por eso el IDEAD se ha venido consolidando como un proyecto de inclusión social para la formación superior. Desde su fundación estamos encaminados para llegar a los territorios más abandonados, a la población más vulnerable, a las comunidades que tienen el derecho de educación superior pero que no cuentan con muchas oportunidades para acceder a ella.

En tiempos de pandemia volvemos a ser protagonistas, esta vez visibilizados por las necesidades de la coyuntura. Durante muchos años la educación a distancia se miró por encima del hombro, se catalogó como “educación de segunda”, de baja calidad, como si la calidad fuese un mojón inamovible más allá de los indicadores del mercado. Como si llevar la educación a los lugares más inhóspitos y a los más necesitados no fuera per se una variable de «calidad», quizás la más vital, sin importar que quienes diseñan los indicadores le den poca o nula importancia.

Hoy los ojos viran de nuevo al IDEAD y encuentran una larga tradición de modelos flexibles, currículos capaces de adaptarse a los contextos con sus necesidades y alto aprestamiento para el uso de las mediaciones en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Sus estudiantes son consecuentes y asimilan mejor los procesos de autoformación, son conscientes de que los viejos modelos de transmisión están en desuso porque fueron pensados para un mundo que hacer mucho mutó.

No obstante, con todas las potencias descritas, tenemos que aceptar que aún carecemos de una infraestructura tecnológica capaz de soportar el reto en su total dimensión y así poder acoger mayores poblaciones. La ausencia de inversión constante y programada nos sorprendió carentes de algunas herramientas necesarias para avanzar con mayor tranquilidad en el camino de los retos actuales. No obstante, nunca nos inmovilizó, la tradición del IDEAD es la de avanzar por encima de las dificultades, renovando, recreando, repensando…

En la década de los noventas usamos material instruccional, luego avanzamos al uso de módulos impresos como apoyo pedagógico/didáctico. Casetes, cartillas y guías formaron parte de nuestros inventarios para llegar con el conocimiento a zonas rurales, municipios lejanos, veredas, pueblos distantes de las mínimas comodidades del tradicional bienestar universitario de la presencialidad.

Más tarde, con el auge de los dispositivos digitales, usamos CD, material digitalizado, memorias USB. Posteriormente, emprendimos la construcción de Portafolios Pedagógicos, cuyo escenario de Ambiente Mediado nos preparó para que hoy le pudiésemos hacer frente a la necesidad que el Covid-19 nos impuso.

Ahora, en este atribulado 2020, enfrentados al futuro adelantado que tocó a nuestra puerta, le abrimos para garantizar que la idea de universidad pública incluyente siga viva. Necesitamos una vez más repensarnos, lo cual no es un escenario nuevo para el IDEAD, enseñado a autorreformarse. Necesitamos garantizar un «mínimo vital pedagógico» para nuestros estudiantes y docentes, para que los procesos académicos se instalen de lleno en las posibilidades de formación usando mediaciones TIC, sin detrimento de un futuro de encuentros cara a cara, lo cual dependen de cómo evolucione el virus y las posibilidades de combatirlo con nuevas formas de habitar los lugares.

Esperamos que el Ministerio de Educación Nacional, y los demás órganos que regulan la educación en Colombia, no sean inferiores a estos retos. Necesitamos que el MEN reconsidere su inversión en la educación a distancia, que ofrezca apoyos para el fortalecimiento del modelo, que, juntamente con el Ministerio del TIC, disponga de planes de equipamiento y conectividad para todos los estudiantes, sobre todo en las zonas rurales en donde el IDEAD es casi la única opción de formación superior, sin que los estudiantes tengan que emigrar a las zonas urbanas.

Igualmente, para la Universidad del Tolima, siendo del orden regional, es clave el apoyo de la Gobernación del Tolima, aún más para el IDEAD quien hace presencia en municipios como Chaparral, Rioblanco, Planadas, Melgar, Líbano, Honda, Cajamarca, Girardot – que recoge población del Tolima y Cundinamarca- y por supuesto Ibagué. Si queremos conservar los índices de impacto de educación superior en los municipios, es necesario que se plantee la financiación de estudiantes, tanto antiguos como nuevos, sin dejar de lado la formación posgradual.

Por supuesto, internamente, la Universidad del Tolima también debe aupar el proyecto del IDEAD, debido a la potencia que posee para enfrentar el escenario de futuro que el mundo, el país y la región nos plantean. Con una población cercana a 13 mil estudiantes y 900 docentes, el IDEAD es la Unidad Académica más robusta de la UT. Cuenta con 11 programas de pregrado, 3 especializaciones y 2 maestrías. Opera en 24 Sedes de Atención Tutorial y hace presencia en 8 departamentos. Bien vale la pena cuidar y apalancar este proyecto.

Es así que, casi siempre las crisis abren los senderos de las grandes transformaciones y el IDEAD ha estado ahí, al frente de los ojos de todos, a veces vituperado, a veces exaltado. Hoy como protagonista central del hecho pedagógico, en medio de la urgencia, reclamamos la consolidación institucional. Para ello todos estamos trabajando: los estudiantes desde sus diferentes lugares de acceso, en los ciudades, municipio y veredas. Los docentes aprendiendo cada vez más sobre el uso pedagógico de las herramientas digitales en los procesos de formación, confinados en sus casas, pero abiertos a la resignificación de los modelos educativos. Y los funcionarios y directivos, asumiendo trabajado remoto desde sus diversas regiones, explorando las opciones para darle trámite a los problemas que van surgiendo en la misma medida que el virus avanza en los territorios, dispuestos y moviendo las poleas para seguir haciendo real y posible esta idea de IDEAD.

Redacción: Carlos Arturo Gamboa Bobadilla-Director IDEAD.

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