Profesor de la UT entre los ganadores de convocatoria de estímulos artísticos y culturales de Ibagué

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Con la propuesta La difusa vida de la palabra, el profesor Leonardo Monroy fue uno de los ganadores de la convocatoria Portafolio de estímulos artísticos y culturales de Ibagué 2020. En este libro de cuentos, articula las vidas ficticias de aquellos que están inmersos en la literatura y tratan de revelar sus vicios y, en ocasiones, sus virtudes.

Leonardo Monroy, Doctor en Literatura Colombiana y adscrito al Departamento de Español e Inglés en el programa de Licenciatura en Lengua Castellana de la UT, fue uno de los ganadores en la categoría cuento de esta convocatoria realizada en el marco del Plan de Desarrollo Ibagué Vibra.

La difusa vida de la palabra es un libro de cuentos, algunos de ellos con años de escritura, articulado alrededor de lo que sucede en el mundo de la literatura.

Por allí pasan, entre otros, lectores desocupados que se obsesionan con los subrayados que hacen otros en los libros de las bibliotecas públicas, escritores envidiosos que quieren arruinar la carrera de sus pares, un profesor universitario que no soporta el éxito de una colega y quiere acabarla con comentarios pugnaces por Twitter, un administrador rico que encuentra en una biblioteca, y con mucho dolor, a su padre ausente, o el corrector de estilo que vive de hacer trabajos para otros, mientras su vida cae en la monotonía, comentó Monroy.

Esta convocatoria fue desarrollada por la Alcaldía de Ibagué a través de la Secretaría de Cultura y tuvo como objetivo la estimulación de la creación, la investigación y la formación de los actores del sector, así como la circulación de bienes y servicios, que garanticen la sostenibilidad cultural de la ciudad. El pasado 1 de octubre se dieron a conocer los resultados de las 14 categorías escogidas en 12 áreas, entre las que se encuentran artes plásticas y visuales, artes escénicas, cine y audiovisuales, literatura, música, y demás.

Pasión y creación

Para Leonardo Monroy fue decisiva la influencia de un profesor del colegio en su acercamiento a la literatura, fue él quien le invitó a leer obras clásicas, antiguas y contemporáneas. Junto a esto, Monroy describe que existieron sensaciones y sentimientos que le ayudaron a manifestar ese deseo por la literatura:

Es probable que a eso se le sume una suerte de sensación de soledad e indecisión en mi adolescencia y juventud, que me llevaron a buscar en la palabra literaria algunas respuestas a mi existencia. Yo crecí en una bella familia, pero eso no quiere decir que, como todos los seres humanos, no tuviera preguntas vitales: la literatura fue un espacio en el que encontré múltiples caminos y, de alguna manera, la felicidad de vivir.

Al hablar de inspiración prefiere entenderla como motivación. Su ejercicio de escritura se ve impulsado por sensaciones muy íntimas unidas a la observación de los seres humanos, pues es desde la cotidianidad que sus personajes e historias nacen, los expone a situaciones extrañas, que lo llevan a imaginar en cómo actuarían y a pensar en la reflexión sobre la condición humana. Además de esto, también lo anima la posibilidad que le da el lenguaje para moldearlo y jugar con él, y así crear por medio de la palabra.

Igualmente, su proceso de creación se ve influenciado por diferentes factores que lo obligan a utilizar para su escritura creativa una dinámica un tanto diferente a la que quisiera. Aunque su trabajo como profesor requiera mayor atención por las labores que debe ejercer, y en ocasiones esto le impida poner toda su concentración a la escritura de un cuento o una novela, lo asume con felicidad.

Él se ha acostumbrado a revisar mucho todo lo que escribe, explica que no lo hace por vanidad sino desde su rol como crítico. Además, ese proceso de creación se ve beneficiado por sus conversaciones con colegas y personas cercanas:

Esta labor de ultracorrección no asegura que mis textos sean los mejores, y sólo llamo la atención sobre ello para expresar que ha detenido, junto con mis responsabilidades como profesor, una producción más continua en el ámbito de la creación literaria. Debo decir, además, que mi proceso de creación se ha visto y se ve beneficiado por conversaciones con colegas y personas cercanas, como Libardo Vargas, Jorge Gaitán, Omar González, Carlos Gamboa, entre otros, con quienes no sólo he dialogado, sino que he compartido tímidamente algunos de mis textos y de quienes he recibido unas valiosas sugerencias.

Próximas metas y su invitación

En estos momentos el profesor Monroy se encuentra trabajando junto a compañero de la UT, los poetas Jorge Gaitán y Nelson Romero, en la reflexión sobre la poesía del Tolima. En cuanto a su creación literaria tiene algunos cuentos ya escritos y un borrador de novela, que como lo afirma él: no sé si vea algún día la luz.

Invita a que quienes deseen dedicarse a la escritura dediquen gran parte de su tiempo a la lectura de aquello que les gusta y lo que representa un reto para ellos. Además, resalta el trabajo que algunos estudiantes ya han realizado y los invita a que continúen con disciplina:

Salvo casos excepcionales como Andrés Caicedo o el propio Jorge Luis Borges, escribir una obra significativa, requiere de cierta depuración, que no se logra en los afanes. Tampoco deben esperar mucho tiempo, pero creo que es necesario un remozado ejercicio de autocrítica y, si lo desean, compartir sus textos con personas que sean honestas y no afirmen que todo está muy bien sólo por congraciarse. En este último sentido, y recordando a Nietzsche, también uno debe odiar un poco lo que escribe, para evitar esos amores que enceguecen y no dejan ver las fisuras.

Es de anotar que el profesor Carlos Gamboa, director del IDEAD, también resultó ganador en la presente convocatoria, con su trabajo titulado Los niños mueren en febrero. Felicitaciones a los profesores por su logro demostrando que somos la mejor universidad de la región, con docentes de alta calidad, cuyos trabajos son premiados y reconocidos.

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