Reflexiones sobre los retos de la Universidad contemporánea

Columna de opinión

Los cambios en nuestra sociedad globalizada hoy son tan acelerados que se hacen casi imperceptibles los paradigmas que se están consolidando. Sin embargo, como comunidad académica estamos llamados a analizar dichas transiciones y orientar nuestro quehacer para lograr, más que reformas coyunturales, transformaciones sociohumanísticas estructurales. 

A lo largo de la historia, la educación ha sido una herramienta para la consolidación de nuevas estructuras sociales, un ejemplo claro es que la universidad en la versión más cercana a como hoy la conocemos nació con el  renacimiento, pues si bien en el medioevo ya existían centros de estudio, dirigidos por la iglesia, enfocados a transmitir conocimientos filosóficos y culturales sustantivos de la época, estos fueron perdiendo vigencia frente a las exigencias profesionales y científicas de la sociedad contemporánea, donde se dio la transición del paradigma teocéntrico al antropocéntrico. Con el tiempo, se consolidaron lo que a mi modo de ver se puede resumir en tres modelos de universidades, las que buscaban formar personas con un saber práctico, las que buscaban el desarrollo de la capacidad de investigar independientemente y la mixta o de formación integral socio humanista. 

Este último modelo, con sus variables organizacionales autónomas, constituye lo que hoy entendemos como universidad, una comunidad de estudiantes y profesores que buscan el saber, pero además pretenden ponerlo al servicio de la sociedad. Un modelo en el que si bien, se ha pretendido educar el espíritu, incentivar el ingenio y desarrollar ciencia y tecnología, ha afrontado la dependencia económica de los poderes estatales e industriales, condicionamientos ideológicos y políticos, la endogamia academicista, la pérdida del interés del estudiantado, entre otros factores que conducen hacia una reconfiguración prioritaria de su quehacer; más aún cuando nos enfrentamos a una de las épocas con más cambios en las maneras de ser y estar como sociedad, en la historia reciente de la humanidad. 

Con la pandemia y la virtualidad obligatoria, se reconfiguraron las nociones espacio temporales, pues se acortaron las distancias y se aceleraron aún más los tiempos, lo que supuso para la educación una precipitada y precaria reorientación de las metodologías de estudio, pues aun con todas las carencias tecnológicas, logísticas y de capacitación docente, se tuvo que avanzar en la formación universitaria, a través de clases mediadas. En este contexto se hicieron más evidentes las desigualdades sociales y brechas digitales, con los correspondientes impactos psicológicos y socioemocionales que auguraban el aumento de la deserción. Sin embargo se logró enfrentar la situación, gestionar la continuidad y ahora nos enfrentamos al reto de mejorar y acelerar las actividades de la educación superior

Como lo hemos podido vivenciar, con la introducción simultánea, acelerada y vertiginosa de múltiples tecnologías en todas las esferas de la vida humana, hoy como lo decía al iniciar esta columna, atravesamos una nueva transición social, que algunos denominan altermodermidad o bien pudiera decirse que tecnocéntrica, con grandes oportunidades y riegos, y donde más que nunca se reivindica la pertinencia de la universidad, la cual debe estar a la altura de las demandas sociales. 

Dentro de las oportunidades se encuentran la dilución de fronteras a la hora de establecer alianzas estratégicas internacionales, intercambiar conocimientos, ampliar la cobertura educativa y portafolios de servicios universitarios; también se cuenta con la posibilidad de desarrollar permanentemente procesos de alfabetización digital y autocapacitaciones con una reducción considerable de costos; el aumento en la oferta y reducción de costos de software especializados,  bases de datos y otras herramientas que mejoran la experiencia educativa e investigativa, entre otras.  

En cuanto a los riesgos, si bien la vacuna ha permitido un control de la propagación y letalidad del virus, aún es incierto el comportamiento que puedan tener las variantes, desencadenando nuevamente confinamientos que afectarían las ya golpeadas economías nacionales, pues cabe recordar que el PIB se desplomó drásticamente una vez se  implementaron  las  políticas  de  confinamiento, hubo un aumento alarmante del desempleo y la informalidad, disminuyeron las exportaciones, aumentó la pobreza extrema y aunque los gobiernos establecieron programas de apoyo, estos no fueron suficientes para amortiguar la calamidad social, pues la inflación sigue en incremento. 

Ante este panorama, debemos repensar y reorientar el quehacer de la universidad, tanto para aprovechar las oportunidades que se han desplegado, como para aportar en la búsqueda de soluciones de las problemáticas que afrontamos. En ese sentido, será obligatorio adoptar una innovación educativa que nos conduzca a la armonización de los componentes humanos, con los entornos educativos mediados, para lo cual es prioritaria la modernización de infraestructura física y tecnológica, así como el fomento de habilidades blandas y analíticas, y desde luego fortalecer el bienestar universitario, la inclusión y una agenda de desarrollos sustentables.  

Debemos trabajar por una pedagogía propia con un sustento humanista y un enfoque territorial, donde esté equilibrado el desarrollo técnico-tecnológico-científico y el socio humanístico, pues si bien se requerirá del desarrollo de habilidades y talentos que se ajusten a las dinámicas cambiantes de mercado laboral, tales como análisis de datos, programación digital, marketing digital, industrias artísticas y culturales, ingeniería de software, telecomunicaciones, mediaciones tecnológicas, entre otras, la universidad no se podrá desvincular de su vocación de hacer más sensibles a las personas, ser conciencia histórica, crítica y práctica, para mejorar las condiciones de vida de la humanidad y la preservación del planeta. 

Ante el desempleo, un aspecto que desencadena en problemas de salud pública, tenemos la posibilidad de fomentar un espíritu de emprendimiento y trabajo cooperativo, acordes a los desarrollos propios, pues se ha identificado que por lo menos en nuestra región, no se han  aprovechado plenamente  las  cadenas  de  valor  regionales y las relaciones glocales y transnacionales. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, la  crisis  ha  provocado  una  reevaluación  de  las  cadenas  de  valor,  lo  que abre la posibilidad de profundizar la integración regional, mediante un enfoque de participación de abajo hacia arriba. 

Pese a las dificultades en este momento histórico la universidad pública de los tolimenses logró ser gratuita y de alta calidad, así como avanzar en un proceso de modernización de infraestructura física, tecnológica, académica y administrativa progresiva, en el marco de un plan de aseguramiento de la calidad y desde luego de cara a los retos que nos ha impuesto esta nueva realidad. Con dicho plan, en este año se logró la entrega del primer parque interactivo de la región, del laboratorio de cafés especiales, la construcción de un laboratorio de realidad virtual, el avance de la construcción de un nuevo bulevar universitario y Jardín Botánico, el mantenimiento integral de las facultades y laboratorios, entre otras obras, que se orientan a mejorar la experiencia formativa y el bienestar de institucional. 

En el aspecto tecnológico se adquirieron 342 equipos para salas de sistemas y oficinas, se desarrollaron softwares para hacer más eficientes los procesos administrativos, se adquirieron 1200 salas cisco Webex con herramientas especiales para la orientación de actividades académicas, se actualizó la plataforma TuAula, se adquirió una red de internet de alta velocidad con RENATA, acompañada del cambio de la fibra óptica para aumentar la velocidad del internet, de igual forma se cambiaron todas las antenas de emisión de señal en el bloque 33 y se instalaron antenas en el bloque 32, bloques en los que también se están instalando 64 pantallas inteligentes de 75 pulgadas para atender clases híbridas. 

En el aspecto académico se realizó convocatoria para el ingreso de 10 profesores de planta, se avanza en la actualización del plan educativo institucional, ampliamos la oferta académica con dos nuevos posgrados, diseñamos y ejecutamos capacitaciones a docentes en las nuevas herramientas tecnológicas, desarrollamos el componente práctico con normalidad en centros experimentales propios y externos, con una inversión de 520 millones en dotación de laboratorios y adquisición de software educativos y se aprobaron las políticas de inclusión, género y bienestar integral.

En el 2022 tendremos muchos aspectos por mejorar para atender las expectativas formativas de cerca de 30 mil estudiantes, por ello la Universidad contemporánea y particularmente la Universidad del Tolima, debe fortalecer el trabajo cooperativo y escalonado, interna y externamente, pues de ninguna manera podemos permitir que se convierta en la universidad de babel, donde sus integrantes piensan en construir una mejor alma mater, pero no tienen la capacidad de hablar el mismo idioma, ni aunar esfuerzos para materializarla.  Recordemos que las grandes transformaciones han requerido disenso, pero también unidad. 

Por Omar A. Mejía Patiño, Rector Universidad del Tolima

Total Page Visits: 202 - Today Page Visits: 1