Derecho a la vida: De la legalidad del papel a la dignidad de su expresión

Columna de opinión

El espiral de la guerra continúa borrando la existencia de quienes habitan las geografías colombianas. Si bien Arauca es el departamento que ha encendido las alarmas a nivel nacional, con una cifra de más de 70 pérdidas humanas, lo cierto es que las disputas por el control de los territorios, cada día que pasa van dibujando en nuestros paisajes escenas de horror.

A propósito del día del abogado que fue la semana anterior, es importante recordar que hasta hace poco se percibía el derecho como un simple instrumento que evitaba el caótico mundo del conflicto permanente de los intereses entre sujetos, pero rara vez reconocía la importancia del derecho como un instrumento salvador y eficaz para preservar la vida.

Colombia fue una de las primeras naciones latinoamericanas en reconocer la dignidad humana y en limitar el poder punitivo del Estado; lo cual se ve reflejado en la Constitución Política de 1991, donde se establece que la dignidad humana es la base para la protección de los derechos fundamentales, la igualdad y justicia, siendo la Corte constitucional la encargada de determinar la naturaleza práctica de los derechos que implica y las herramientas para exigir su restauración cuando llegasen a ser violados. Esto desde luego que, en armonía con el pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales, el pacto internacional de derechos civiles y políticos, la constitución de la UNESCO, entre otros pactos históricos internacionales que buscan proteger la dignidad humana.

Sin embargo, la realidad del país es otra, pues lamentablemente en sus territorios coexisten actores de poder paraestatales, lo que supone la contradicción de la protección a la vida en toda su expresión, mostrándonos nuevamente que nuestro país no se parece en nada a lo que el papel señala como protección suprema, y que a diario se reproduce aquella canción de Garzón y Collazos que relata cómo se esfuma la alegría y el calor de las casas en el campo colombiano y van quedando solas las acacias.

En este contexto bien pudiéramos resignarnos, pero personalmente considero que quienes integramos comunidades académicas, y no sólo los abogados, tenemos el reto de defender el derecho a la vida y la dignidad de su expresión.  En el caso de la Universidad del Tolima seguiremos trabajando en la articulación de la docencia, la investigación y la proyección social con acciones integradas a los currículos que permitan poner el conocimiento al servicio de la solución de problemas territoriales, la construcción de paz y el fortalecimiento de la democracia, tal como lo planteamos en nuestro plan de desarrollo, pero además procuraremos irradiar esperanza en aquellos lugares donde el impacto Estatal sólo está en el papel.

Por: Omar A Mejía Patiño

Total Page Visits: 319 - Today Page Visits: 1