La Sala Darío Jiménez del Centro Cultural de la Universidad del Tolima se ha transformado en un espacio donde nuestros ancestros resuenan con la urgencia del presente. La exposición “El Portal del Jaguar”, del maestro en artes plásticas y visuales Jorge González, egresado de esta nuestra alma mater, emerge como una poderosa declaración artística que trasciende la mera contemplación estética para invitarnos a una profunda reflexión sobre nuestro patrimonio, la fragilidad del ecosistema y la memoria de los pueblos originarios.
La muestra estará abierta al público hasta el próximo 8 de mayo. Esta es una oportunidad para que la comunidad universitaria se sumerja en un universo artístico que nos interpela como seres humanos y nos invita a reconectar con nuestras raíces y con la urgencia de preservar el legado ancestral.
González describe este espacio expositivo como un lugar significativo para el arte local e internacional, y su obra como un intento por “traer una porción de lo que es considerado el patrimonio más importante de la sociedad: el Chiribiquete”. Este vasto territorio, cuna de las formaciones arqueológicas más antiguas del continente, alberga las pinturas rupestres de la extinta cultura Carijona, quienes intervinieron estas paredes rocosas considerándolas el centro del planeta.
La exposición fue concebida y realizada en el mismo espacio de la sala, un proceso que tomó poco más de una semana, incluyendo la creación in situ de algunas de las obras. Este esfuerzo subraya la pasión del artista por transmitir su mensaje de manera directa e impactante, en especial porque rescata que la obra se construye como un homenaje a estos pueblos indígenas que han sido víctimas de la brutalidad de la industria cauchera a finales del siglo XIX, y a los maestros que guiaron el camino artístico del autor en la universidad.
La muestra despliega una rica diversidad de lenguajes artísticos, pero son las esculturas en arcilla las que introducen una potente metáfora sobre la existencia. Según el artista, “las grietas que aparecen en estas figuras producto de las condiciones ambientales, evocan la fragilidad del ecosistema y nuestra propia condición mortal: somos primero barro y terminamos siendo barro”. Esta poética reflexión sobre la vida y la muerte se extiende a la vulnerabilidad de ecosistemas vitales como la Amazonía, los Llanos Orientales e incluso la Sierra Nevada de Santa Marta, lugares sagrados para el pensamiento chamánico.
La arcilla es protagonista de esculturas que representan la fauna local, y el uso de pigmentos naturales como el achote, empleados ancestralmente por las comunidades indígenas, conectan directamente la obra con la tierra y sus habitantes originarios. Además, la gran pared intervenida con arcilla y minerales del suelo establece un diálogo directo con el territorio representado. La serie pictórica hace parte del tono crítico de la obra, confrontándonos con las tensiones entre preservación y devastación, lo sagrado y lo profanado, la memoria indígena y la modernidad impuesta al representar el desplazamiento de los pueblos ancestrales, la fauna y la flora a causa de modelos de desarrollo depredadores.
La presencia reiterada del jaguar, eleva a esta criatura a un símbolo central de la exposición. González lo describe como una “especie sombrilla” relacionada con la conservación y protección del agua y del bosque. La muestra se convierte así en un tributo a este guardián del ecosistema.
“El Portal del Jaguar” se erige como un ejemplo de cómo el arte puede ser una poderosa herramienta pedagógica, capaz de sensibilizar a la comunidad académica y al público en general sobre la urgencia de conocer y proteger nuestro patrimonio natural y cultural.
Por Ana María Cumbe.

